Pulso Azul

El AGUA; Su Costo, Segunda Parte de Tres

Pensamos que el agua que usamos en actividades cotidianas como lavar, regar, bañarnos o tomar son los únicos momentos en los que consumimos agua, y es un error pensar así.

Todo, o casi todo lo que usamos o consumimos tienen un costo en agua, si, así es, todos los productos tienen lo que se llama una huella hídrica, pero, ¿qué es una huella hídrica?… huella hídrica es la cantidad de agua total que se necesita para fabricar, elaborar, transportar y comercializar los productos y servicios que utilizamos a diario.

Para ubicarnos en este contexto pongo por ejemplo lo siguiente;  el sándwich, el vaso de leche o el cereal que disfrutamos durante el desayuno tuvieron que pasar por procesos en los cuales se utilizaron grandes volúmenes de agua antes de haber llegado a nuestra mesa, es decir, tienen una huella hídrica propia.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) señala que para un litro de leche se debieron haber utilizado al menos 1,000 litros de agua, para una sola manzana 70 litros de agua, para un kilo de granos 1,500 litros de agua, para una hoja de papel 10 litros, una camisa de algodón 2,000 litros, y para unos zapatos de cuero o para un kilo de carne se utilizaron ¡15,000 litros de agua!

Los lácteos y la industria cárnica son los rubros que más ocupan de agua para la elaboración de sus productos.

Ante una población creciente y demandante de estos productos, podríamos decir que el agua se encuentra comprometida, nada menos la agricultura y la ganadería emplea el 70% de toda el agua utilizada a nivel mundial, mientras la industria utiliza el 20% contra el 10% que es usada en nuestros hogares.

El representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe Alan Bojanic menciona lo siguiente;  “Para alimentar a una población en aumento, es necesario producir más alimentos pero utilizando menos agua, es decir, encaminarnos a una alimentación más sostenible”.

El agua es un recurso renovable pero finito, y cada vez es más difícil su accesibilidad y mayor la demanda, por ello nuestros esfuerzos deben ser crear sensibilidad en el uso inteligente de dicho líquido a través de nuevas conductas ecológicas y saber que detrás de cada producto que consumimos hay un valor acuífero.

Estoy seguro que ahora antes de hacer un asado, comprenderá que nosotros también tenemos nuestra propia huella hídrica, y que en un sentido figurado el agua también se come.

Hugo Zanella

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